Un comienzo tardío

El fútbol femenino tenía décadas de historia, pero había sufrido prohibiciones y falta de apoyo institucional. El torneo de 1991 proporcionó un escenario global estable y una competición periódica.

Estados Unidos marca el ritmo

Michelle Akers anotó diez goles, cinco de ellos ante China Taipéi. En la final, su segundo gol dio el 2-1 ante Noruega y convirtió a Estados Unidos en la primera campeona.

Un punto de partida

Los partidos duraban 80 minutos y el torneo tenía una escala mucho menor que hoy. Su crecimiento posterior —más equipos, público y profesionalización— permite medir cuánto cambió el fútbol femenino en pocas décadas.

Un crecimiento que puede medirse

La competición pasó de doce participantes en 1991 a treinta y dos en 2023. También aumentaron la duración de los partidos, la cobertura televisiva, los premios y el número de federaciones con programas específicos para jugadoras.

Ese progreso no fue automático. Se apoyó en generaciones que compitieron con pocos recursos, ligas inestables y menor reconocimiento. Volver a 1991 permite celebrar el primer torneo oficial y recordar que la historia del fútbol femenino comenzó mucho antes de que las instituciones le dieran un escenario mundial.

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