Perder sin renunciar

La derrota inicial no llevó a cambiarlo todo. Vicente del Bosque mantuvo la apuesta por el balón, ajustó el equilibrio con Busquets y Xabi Alonso y confió en una generación acostumbrada a dominar mediante el pase.

Cuatro veces 1-0

España superó por la mínima a Portugal, Paraguay, Alemania y Países Bajos. Casillas detuvo un penalti ante Paraguay y realizó una parada decisiva a Robben en la final.

El minuto 116

Cesc Fàbregas encontró a Andrés Iniesta dentro del área. Su remate cruzado dio a España su primer Mundial y unió aquel título a la Eurocopa de 2008; dos años después llegaría otra.

Controlar no siempre significa golear

España marcó ocho goles en siete partidos, la cifra más baja de un campeón mundial. El dato parece contradictorio, pero explica su modelo: largas posesiones reducían las oportunidades del rival y partidos con pocos goles minimizaban el caos.

La defensa fue decisiva. Piqué y Puyol protegían por delante de Casillas, mientras el equipo presionaba tras perder el balón. Aquella selección mostró que una identidad asociada al pase necesitaba tanto rigor sin balón como talento técnico.

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